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© Branko Sekulić

Los peatones [de Belgrado] no son corredores de maratón

En los últimos dos años Belgrado se ha convertido en una gran obra. Vayas donde vayas encuentras alguna construcción en marcha. Puentes, carreteras, estaciones de tren, urbanizaciones nuevas, hoteles, plazas, viviendas, edificios en restauración, centros comerciales, vías de tranvías, peatonalizaciones...Casi todas ellas son cuestionables y criticables desde el punto de vista arquitectónico, pero como aquí, la relativamente joven democracia y la política corren a marchas forzadas para demostrar el progreso, las decisiones arquitectónicas ultra-rápidas se presentan y aprueban como si fueran de calidad, hasta que, empezada la construcción, la mayoría de veces resultan un conflicto social y empiezan a salir las verdades.

Tal es el caso con la decisión de ampliar la zona peatonal en el centro de la ciudad, tratando de seguir los ejemplos que vemos en algunas ciudades europeas como Viena, Milano o Múnich... Es un caso interesante, ya que, a primera vista, una decisión positiva, puede resultar contradictoria si no se toma el tiempo suficiente para pensar bien los detalles y comunicar la acción a los afectados.

Particularmente me alegré mucho cuando oí la noticia de que se había tomado la decisión de peatonalizar todo el centro de Belgrado. Después de tantas decisiones dudosas que toma el gobierno a la hora de modernizar la ciudad, pensé que ésta era acertada. A decir verdad, es agradable ir paseando y viendo cómo se van abriendo más caminos nuevos, se crean espacios públicos, los bares y comercios lucen otro aire, los coches aparcados dejan libre el paso a los cochecitos de bebés y todo parece más generoso e interesante, tanto para los turistas como para los peatones locales.

Sin embargo, hay un sector de ciudadanos que no está nada contento con estas decisiones. Son los vecinos que lo viven todo a primera línea. Ellos son los que han creado la asociación “Los peatones no son corredores de maratón”, con el objetivo de parar la continuación de la peatonalización del centro.

Entre los problemas principales que destacan es el hecho de que nadie les haya contactado en ningún momento para preguntarles su opinión y como se reflejarían estos cambios en su calidad de vida. Se quejan de haberse enterado de las obras cuando un día les despertó la excavadora bajo sus ventanas. Además de encontrarse viviendo por dos años en constantes obras, les preocupa qué pasará luego, una vez se haya acabado todo.

Según remarcan, se han pensado tan mal los detalles que actualmente hay puntos a los que unas embellecedoras macetas gigantes han bloqueado los accesos, de tal forma que no puede pasar ni una ambulancia, ni un coche de policía, o los bomberos en caso de emergencia.

Se quejan también de la desaparición de un número ingente de plazas de aparcamiento que no se ha pensado en sustituir de ninguna forma. Los vecinos tienen que aparcar sus coches en los barrios contiguos, que empiezan a estar ya saturados.

En las ya mencionadas ciudades europeas, las zonas peatonales están organizadas de modo que desde cada punto peatonal se pueda acceder a las vías a una distancia máxima de 100 m, sin mencionar que todas estas ciudades disponen de metro, a diferencia de Belgrado. Si se mira el proyecto de Belgrado, una vez finalizado, esta distancia será mucho mayor.

Desde la asociación destacan que el proyecto, además de no haber sido discutido ni revisado por expertos, no consta ni siquiera en el plan urbanístico general vigente, en el cual esta zona peatonal no existe. Además de que permanece en incógnita con qué dinero de los presupuestos de la ciudad se está financiando esto. En definitiva, una vez más, en Belgrado se está llevando a cabo un proyecto de gran envergadura sin ninguna base legal ni urbanística sólidas.

Desde el gobierno destacan la importancia de seguir adelante, para convertir Belgrado en una ciudad europea ordenada, con una zona peatonal en el centro que ayude a estimular el comercio en el centro de la ciudad. Quieren poner en marcha el llamado servicio “gorrión” (en referencia al pájaro), con autobuses eléctricos que circulan por la zona peatonal, tomando como referente la solución aplicada en la ciudad de Liubliana.

A fin de cuentas, ni los argumentos del gobierno, ni la oposición de la asociación son los que cuentan. Los números hablan: en Belgrado año tras año aumenta notablemente el número de turistas en la ciudad y las previsiones son que el año que viene subirá un 50% más respecto a este año y las asociaciones de comerciantes están muy contentos con los beneficios.

En definitiva, parece ser que la calidad de vida de los vecinos tiene que verse afectada por la modernización y hasta que los “gorriones” empiecen a acercase a sus hogares, al menos para la próxima maratón, Belgrado tendrá un buen ejército de corredores preparados.

Branko Sekulić, arquitecto. Corresponsal del COAC en Belgrado, Serbia.

Octubre 2017

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