L’Illa i lles Estances jesuítiques de Córdoba (Argentina)

Revista de Corresponsales: La Manzana y Estancias Jesuíticas de Córdoba (argentina), Patrimonio Mundial

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Los edificios que conforman la Manzana Jesuítica y las Estancias (establecimientos productivos rurales) de Córdoba están catalogadas como “Patrimonio Mundial” por la UNESCO desde diciembre de 2000, valorando que “albergan edificios religiosos y seculares ilustrativos de una experiencia religiosa, social y económica sin precedentes llevada cabo entre los siglos XVII y XVIII por más de 150 años”.

La Corona española dividió sus extensos territorios americanos en virreinatos para organizar un sistema que permitiera la ocupación segura del continente y el control de los pueblos aborígenes.  

El primer Virreinato fue Nueva España, creado en 1535, que abarcaba América Central y parte de América del Norte, y en 1542 se creó el Virreinato del Perú con capital en Lima. Ocupaba la mayor parte de los territorios de Sudamérica: los actuales territorios de Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, sur de Brasil, Paraguay, Uruguay, norte de Argentina y Chile.

La institución del real patronato indiano fue el régimen vigente que ejercieron los virreyes y los gobernadores en nombre del rey de España. Estos funcionarios tenían facultades para conferir beneficios eclesiásticos y en ese marco encomendaron a los jesuitas la evangelización de los indígenas.

La manzana jesuítica

A pedido del Cabildo de Córdoba la Compañía de Jesús tomó posesión en 1599 de solares destinados para fines evangelizadores en el linde sur de la traza fundacional. En la ciudad el diseño del proyecto para esta misión se adaptó al trazado existente.

En 1604 se fundó la Provincia Jesuítica del Paraguay que abarcaba las regiones del Paraguay, Tucumán, Río de la Plata y Chile (actual sur de Brasil, sur de Bolivia, Paraguay, Uruguay, Chile y Argentina). En Córdoba se estableció la Procuraduría Provincial donde centralizaron sus actividades evangelizadoras y educativas para todo el territorio.

Allí construyeronla residencia, el templo, el obraje y otras dependencias. También construyeron en 1608 el noviciado, en 1610 el Colegio Máximo y en 1613 la primera Universidad. La Manzana Jesuítica la integran en la actualidad la Iglesia de la Compañía de Jesús, la Capilla Doméstica, el Colegio de Monserrat y la Casa de Trejo (actual Rectorado de la UNC).

La concepción estético-artística del periodo tuvo influencias barrocas manifestadas en la arquitectura, el arte, la música, la literatura y la filosofía y todas las expresiones de su tiempo.

Los Jesuitas la expresaron con libertad tanto en la organización del territorio como en la arquitectura y las técnicas constructivas. La formación europea, el conocimiento de los tratadistas, así como la influencia de la arquitectura de los lugares de procedencia fueron determinantes en la definición de sus construcciones en las que se puede observar muy poco aporte conceptual local, reducido a la intervención de la mano de obra de africanos e indios que dejaron algunas expresiones decorativas.

Los templos construidos en Córdoba reflejan libertad en la aplicación del prototipo definido por la Compañía: planta de cruz latina, amplia nave única, cúpula en el crucero y ábside plano siguiendo la consigna de las órdenes de Roma, “humildad en los claustros y magnificencia en los templos”. 

Templo de San Ignacio (Iglesia de la Compañía de Jesús)

Fue construido entre 1640 y 1676. La planta es de forma de cruz latina, compuesta por nave principal y crucero, con dos capillas laterales: hacia el sur la de españoles (actualmente Salón de Grados de la Universidad), y hacia el norte la de Naturales, para los indígenas y africanos (hoy capilla de N. S de Lourdes).

En la cubierta es destacable la solución realizada por el jesuita belga Philippe Lemaire para cubrir la nave principal, quien apelando a sus conocimientos sobre técnicas constructivas navales resolvió la bóveda y la cúpula con una estructura de madera, con una serie de arcos de medio punto armados con el sistema de encastre. Los espacios libres entre los arcos fueron cubiertos transversalmente con tablas ornamentadas con dibujos de vegetales y dorado a la hoja.

En la base de la bóveda se encuentran la cornisa y el friso con pinturas y tallas de madera pintadas y doradas que representan virtudes teologales y salmos en forma de emblema. En el interior se observan dos estilos artísticos: el barroco latinoamericano desde su construcción en el período colonial hasta la expulsión de los jesuitas en 1767, y el estilo neoclásico característico de mediados del siglo XIX, cuando la Compañía retornó a Córdoba.

Un atrio da ingreso al templo. La fachada es un gran frontispicio de mampostería de piedra con tres puertas. La principal que da ingreso a la nave central y dos laterales, a la izquierda el antiguo ingreso a la capilla de los españoles y la ubicada a la derecha que permitía ingresar a la capilla de naturales y esclavos. La fachada tiene cinco ventanas para iluminación y está coronada por dos torres campanario de planta cuadrada rematados por pirámides de base octogonal. Sus muros sin cobertura permiten ver un conjunto de oquedades dispuestas sobre el frente del templo. La función de estos huecos es aún hoy motivo de debate entre expertos, sugiriendo que la fachada estría inconclusa.

Las estancias jesuíticas

Las estancias formaron parte de un proyecto económico de producción destinado a sostener las instituciones religiosas y educativas de la Orden en Córdoba. Su organización respondía al modelo de conjunto monástico instituido en Europa, trasladado a América: una iglesia, claustros para residencia de los monjes, talleres y viviendas de indígenas y esclavos.  Se localizaron siguiendo la traza del Camino real, ruta utilizada para llevar mulas y tejidos hasta las minas de Potosí.   

En estos establecimientos la disponibilidad de agua fue fundamental. Utilizaban diques y acequias y la reservaban en un tajamar para no depender de las lluvias y mejorar el rendimiento productivo de las tierras. Son ejemplos de adaptación de las soluciones europeas a las condiciones tecnológicas y ambientales locales, con un resultado original.

Las estancias por orden cronológico eran: Caroya (1616), Jesús María (1618), Santa Catalina (1629), Alta Gracia (1643), La Candelaria (1683) y San Ignacio (1725), hoy en ruinas.

La Estancia de Caroyafue el primer establecimiento rural organizado por la Compañía. Actualmente mantiene la residencia con su estructura original, la capilla, el perchel, el tajamar, restos del molino y de las acequias y las áreas dedicadas al huerto. La capilla es de una sola nave con muros de piedra y ladrillo y cubierta a dos aguas con armadura de madera y tejado.  

En la Estancia de Jesús María el sistema productivo se caracterizó por su producción vitivinícola, que alcanzó un importante desarrollo. Aún hoy la zona se distingue por sus bodegas y vinos. Se conserva la iglesia, la residencia y la bodega, restos de los antiguos molinos y el tajamar. La iglesia tiene planta de cruz latina, de nave única abovedada, con cúpula central, ornamentada con relieves. Su expresión exterior representa un barroco austero, con una espadaña exenta de piedra. Actualmente todo el complejo es sede del Museo Jesuítico Nacional.

La Estancia Santa Catalina fue un importante centro de producción ganadera con miles de cabezas de ganado vacuno, ovino y mular, además del obraje con sus telares, herrería, carpintería y dos molinos.

Comprende, además de la imponente iglesia, una residencia con tres claustros y locales anexos, las ruinas del noviciado, la ranchería con habitaciones para esclavos, el tajamar alimentado por aguas subterráneas y restos de acequias y molinos.

La iglesia tiene marcada influencia de la arquitectura barroca centroeuropea, con altas torres, un portal cóncavoconvexo, planta de una nave y crucero sobre el cual se sitúa una cúpula sobre tambor coronada por una linterna.

Es sin dudas la obra más representativa del barroco colonial que han dejado los jesuitas radicados en estas tierras entre los siglos XVII y XVIII. Tras la expulsión de la Compañía fue adquirida por un particular.

La antigua estancia jesuítica de Alta Gracia ha quedado inmersa en la población que nació a partir de dicho establecimiento. La iglesia preside la plaza central de la ciudad y en la residencia funciona el Museo Nacional "Casa del Virrey Liniers". El antiguo obraje es sede de un colegio, y el Tajamar también forma parte de la identidad urbana. La planta de la iglesia es de una nave y se caracteriza por un ensanchamiento curvo en lugar de crucero. La cúpula es de planta elíptica. El atrio y la fachada, sin torres, muestran una libertad compositiva propia del barroco iberoamericano que la hacen singular.

La Candelariafue un establecimiento rural serrano productor de ganadería extensiva, fundamentalmente mular en un entorno alejado del camino real. Se conserva la iglesia, la residencia, la ranchería donde vivían los esclavos y los talleres y obrajes. En sus alrededores se sitúan el tajamar, acequias, molinos, batán y depósitos. La capilla es de una nave con cubierta de tejas a dos aguas sobre armadura de madera. La fachada encalada tiene un gran frontis y remata en una espadaña abarrocada.

La expulsión de los jesuitas en 1778 significó la ruptura de esta compleja organización productiva y evangelizadora como también la continuidad de su creación arquitectónica, que a pesar del tiempo transcurrido y el distinto destino que cada uno de estos establecimientos tuvo, algunos en manos privadas, otros convertidos en museos y otros como el caso de la Manzana Jesuítica de Córdoba segmentados, hoy son patrimonio mundial.

Bibiana, Scriortino, arquitecta. Corresponsal del COAC en Córdoba, Argentina. Abril 2021

 

Bibliografía

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