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Construcción circular – Esquina de Vaud (Suiza)

© Col·legi d'Arquitectes de Catalunya (COAC)

La arquitectura ante la materia, el tiempo y la transformación después del referéndum por la inscripción de la economía circular en la Constitución de la esquina de Vaud.

La inscripción de la economía circular en la Constitución de la esquina de Vaud, aceptada mediante referéndum popular, marca un momento decisivo para la arquitectura. Más que un nuevo marco jurídico, introduce un cambio profundo en la forma de entender el acto de construir.

Al reconocer al nivel normativo más alto la necesidad de reducir residuos, valorizar los recursos existentes y prolongar los ciclos de vida de los materiales, la esquina afirma que la transformación del parque construido es hoy un reto tanto cultural como ambiental.

Este reconocimiento llega en un momento en el que la arquitectura se encuentra confrontada a sus propias limitaciones. El modelo lineal de la construcción –basado en la extracción masiva de materias primas y en una obsolescencia programada del patrimonio edificado– muestra claramente sus límites. La circularidad, lejos de ser simple correctivo técnico, propone un cambio de postura. Invita a los arquitectos a considerar cada edificio no como una finalidad en sí misma, sino como una estructura transitoria, susceptible de ser transformada, desmontada y recompuesta.

En este contexto, el valor de lo existente se ve profundamente recalificado. Varios proyectos recientes en la Suiza romana (área francófona dentro de Suiza), ilustran esta evolución. La reconversión de antiguos edificios industriales en viviendas o equipamientos públicos -naves, almacenes, fábricas- demuestra que la transformación puede generar una riqueza espacial y programática superior a la de una obra nueva. Estos proyectos no se limitan a conservar una estructura; explotan las cualidades constructivas existentes, las alturas generosas, la robustez de los materiales, para producir espacios capaces de albergar nuevos usos.

La circularidad también se manifiesta en proyectos de sobrealzamiento y densificación suave. Añadiendo volúmenes ligeros, a menudo con estructura de madera o mixta, sobre edificios existentes, la arquitectura limita la artificialización del suelo a la vez que optimiza los recursos ya movilizados. Estas intervenciones, que exigen un conocimiento fino de lo construido y una gran precisión constructiva, devuelven al arquitecto a un papel de orfebre del detalle y del proceso, lejos de la lógica del gesto espectacular.

Otros ejemplos muestran cómo la reutilización de materiales puede convertirse en un verdadero motor de proyecto. El uso de ladrillos procedentes de demoliciones, de estructuras metálicas recuperadas o de carpinterías reacondicionadas no responde únicamente a criterios ecológicos; participa plenamente de la expresión arquitectónica. Los rastros del pasado, las variaciones de tono o de textura, se convierten en elementos constitutivos del lenguaje del proyecto. La circularidad genera así una estética propia, basada en el ensamblaje, la reinterpretación y la memoria material.

La inscripción constitucional de la economía circular no prescribe estas prácticas, pero les confiere una nueva legitimidad. Crea un marco favorable a la experimentación y alienta a los promotores públicos a asumir un papel motor. Las primeras experiencias de proyectos que integran criterios de reutilización o análisis del ciclo de vida muestran que estos enfoques pueden ser compatibles con las restricciones económicas siempre que se incorporen desde las primeras fases del proyecto.

La circularidad implica sin embargo un desplazamiento de responsabilidades. El arquitecto se convierte en un actor central de la estrategia material del proyecto. Debe anticipar los flujos de materiales, dialogar con filieras todavía emergentes y componer con normativas a menudo poco adaptadas. Este rol ampliado no constituye una carga adicional, sino una oportunidad para devolver sentido a la práctica arquitectónica, reafirmando su arraigo técnico y cultural.

Es cierto que persisten obstáculos. La reutilización sigue siendo a menudo más compleja que la adquisición de nuevos materiales, los plazos pueden alargarse y los marcos reglamentarios carecen todavía de flexibilidad. Sin embargo, la inscripción de la economía circular en la Constitución de la Esquina de Vaud ofrece una estabilidad política poco habitual. Permite abordar estos retos no como excepciones, sino como procesos colectivos a largo plazo llamados a estructurar progresivamente nuevas prácticas.

En este sentido, la construcción circular no debe entenderse como una nueva constricción normativa, sino como una ampliación del campo arquitectónico. Recoloca la materia en el centro del proyecto, devuelve una dimensión temporal a lo construido y rehabilita la transformación como acto fundacional. Al afirmar este principio a escala constitucional, la esquina de Vaud ofrece a la arquitectura un marco propicio para reencontrar una ambición esencial: construir menos, construir mejor y, sobre todo, construir con duración

Gabriel Sibils, arquitecto. Corresponsal del COAC en Lausana, Suiza. Marzo 2026

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