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HACIA UNA ARQUITECTURA CONSCIENTE Y RESPONSABLE AL SUR DE QUINTANA ROO (MÉXICO)

© Alberto Villasís

En el sur de Quintana Roo, entre la bahía de Chetumal y la selva maya, conviven dos tradiciones constructivas (con madera y piedra) que, sin saberlo, ya resolvían hace décadas los retos que hoy la crisis climática vuelve a plantear y crear conciencia. Recuperarlas no es nostalgia, es una vía práctica hacia una arquitectura responsable para la región.

El sur de Quintana Roo tiene unas características propias y diferenciadas del resto de la entidad, más desarrollado y poblado, y menos impacto de la huella turística, afronta el reto de crear espacios que no sólo se adaptan al entorno, sino que lo respetan y potencian.

 

La Casa Anglocaribeña de Chetumal

Las casas de madera del centro de Chetumal están declaradas patrimonio cultural del estado y condensan la mezcla de influencia inglesa, erudita y caribeña, que dio identidad a la ciudad, entonces llamada Payo Obispo. Nacieron a caballo de los siglos XIX y XX, cuando comerciantes y trabajadores atravesaban la frontera con la Belice colonial británica, y recuerdan en su volumetría "el bungalow victoriano" y "la chattel house caribeña", de una o dos plantas, a menudo elevadas sobre el suelo, con celosías de madera en las ventanas. Se construyeron con madera de la misma selva -siricot, caoba, palo de rosa-, y cada vivienda disponía de su propio aljibe para recoger el agua de lluvia (curvado).

Es, en el fondo, una arquitectura pensada para el clima tropical, cuya elevación aleja la casa de la humedad y de posibles inundaciones, la madera y los celos favorecen la ventilación cruzada, y el color y la sombra atenúan el calor. Desgraciadamente, de un centenar largo de casas censadas hace tres décadas, hoy sólo quedan unas cuarenta, muchas en estado de abandono por falta de mantenimiento, a pesar de las campañas de restauración y difusión cultural.

 

La Casa Maya, sabiduría vernácula

Ante la casa de madera de raíz mestiza, la casa maya tradicional -de planta ovalada, muros de bajareque y cubierta de guano- ofrece una respuesta aún más radical al medio. Ventilación constante a través de las paredes caladas, materiales cien por cien locales y renovables, y una forma aerodinámica que disipa mejor la embestida de los vientos. Ambas tipologías, la mestiza y la indígena son, en realidad, dos respuestas distintas a un mismo reto ambiental, y juntas forman la base de un saber constructivo propio del sur de Quintana Roo.

 

Los retos climáticos de la región

Los huracanes cada vez más intensos, la subida del nivel del mar, las olas de calor y las lluvias torrenciales son lo que define el futuro climático de esta franja del Caribe mexicano. Pero el sector de la construcción todavía no forma parte decidida de la solución, a nivel mundial, las emisiones operacionales de los edificios volvieron a crecer en el 2024, y su descarbonización avanza más lentamente de lo necesario, justo cuando ese mismo parque edificado se vuelve más vulnerable a los impactos del clima y al encarecimiento de la energía.

La Agenda de Acción Climática de la ONU sitúa allí una oportunidad clave, con buena parte del parque edificado mundial aún por construir o renovar de cara al 2050, los gobiernos tienen la ocasión de impulsar construcciones resilientes y de bajas emisiones mediante mejores políticas e inversiones.

 

Conservar para inspirar

La casa anglocaribeña y la casa maya no son piezas de museo, son prototipos de baja huella, adaptados al lugar, que ya resolvían hace tiempo lo que hoy se pide en los edificios nuevos. Elevación frente a la inundación, ventilación pasiva frente al calor, materiales locales frente al coste de carbono del transporte, y formas pensadas para resistir el viento. Una arquitectura consciente para el sur de Quintana Roo no debería copiar sólo su estética, sino retomar su lógica, a construir con el clima, no contra él, y hacer de la conservación de este patrimonio el punto de partida —no el obstáculo— de la nueva arquitectura resiliente y responsable de la región.

Construir en el Caribe es un acto de respeto, respetar la tierra, crear espacios autosuficientes, sustentables y humanos. La arquitectura en el sur de Quintana Roo, debe ser puente entre el mar y la selva, entre tradición y futuro, entre comunidad y naturaleza.

Alberto Villasís, arquitecto. Corresponsal del COAC en Quintana Roo, México.  Julio 2026

 

 

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