Puntúa de l'1 al 5 els següents aspectes de les noves seccions.
Pregunta 1 2 3 4 5
Disseny del nou entorn
Facilitat d’ús
Utilitat de les gestions que pots realitzar
Impressió general

Vancouver, construyendo puentes más allá del Atlántico

© Leire Moreno corresponsal del COAC a Vancouver

Desde Vancouver, ciudad construida a un ritmo vertiginoso y en constante transformación, resulta especialmente interesante observar cómo la profesión de arquitecto se vuelve cada vez más internacional. Este año, Canadá y la Unión Europea han dado un paso significativo en esta dirección con la aprobación del Acuerdo de Reconocimiento Mutuo de Cualificaciones Profesionales (MRA) para los arquitectos, que facilitará el reconocimiento profesional entre ambas jurisdicciones. 

Más allá de su vertiente administrativa, el acuerdo simboliza un cambio de paradigma. Por primera vez, se establece un marco que permite acercar dos tradiciones profesionales que, a pesar de compartir muchos valores, han evolucionado bajo contextos urbanos, culturales y reguladores muy distintos. Lo que está en juego no es sólo la movilidad de los arquitectos, sino también la circulación de ideas, conocimientos y formas diversas de entender la ciudad.

De hecho, la misma idea de ejercer la profesión sigue teniendo significados diferentes según el lugar donde nos encontramos. Esta diversidad no existe únicamente entre Canadá y Europa; también la encontramos dentro de la propia Unión Europea. Las atribuciones profesionales, los sistemas de responsabilidad, las relaciones con la administración o la forma de desarrollar los proyectos varían de un país a otro. Lejos de representar una dificultad, esta pluralidad constituye una de las grandes riquezas de la profesión y una oportunidad para cuestionar las propias prácticas y aprender de las ajenas.

British Columbia, y especialmente Vancouver, ejemplifican bien ese potencial de intercambio. La región ha experimentado un crecimiento sostenido en las últimas décadas, impulsado por la llegada constante de población y por una fuerte presión sobre la vivienda y las infraestructuras urbanas. Los retos asociados a la densificación, sostenibilidad y accesibilidad de la vivienda forman parte del debate cotidiano de la ciudad.

A diferencia de muchas ciudades europeas, Vancouver es una ciudad relativamente joven. El peso de las preexistencias históricas es menor y, por tanto, la construcción de la identidad urbana se ha basado principalmente en la proyección hacia el futuro más que en la relación con el pasado. Esta condición ha favorecido una cultura arquitectónica abierta a la innovación, la experimentación y la incorporación de profesionales procedentes de todo el mundo.

Es precisamente en ese contexto donde la experiencia europea puede aportar un valor diferencial. Los arquitectos formados en ciudades con elevada densidad histórica están acostumbrados a trabajar con la complejidad de las preexistencias, la rehabilitación del patrimonio, la reutilización de edificios y la convivencia entre capas urbanas de diferentes épocas. Este conocimiento resulta especialmente relevante en un momento en que las ciudades canadienses empiezan a plantearse cómo crecer de manera más sostenible y cómo construir una identidad urbana que vaya más allá de la simple expansión.

Pero el intercambio es sin duda bidireccional. Europa también tiene mucho que aprender de la cultura profesional canadiense. Aquí, el ejercicio de la profesión ha evolucionado bajo una fuerte conciencia de la responsabilidad profesional y de la protección del interés público. Los mecanismos de control, los requisitos de formación continuada y la definición clara de responsabilidades han contribuido a configurar una práctica profesional especialmente rigurosa, aspectos que pueden resultar inspiradores en otros contextos.

En definitiva, el valor de ese acuerdo va mucho más allá de facilitar el acceso a nuevos mercados laborales. Representa una oportunidad para acercar dos formas de hacer arquitectura y para reforzar la idea de que los grandes retos de la profesión ya no pueden abordarse desde una perspectiva estrictamente local. La crisis de la vivienda, la adaptación al cambio climático, la sostenibilidad o la transformación de las ciudades exigen respuestas compartidas y una creciente capacidad de trabajar entre contextos diversos.

Desde Vancouver, este acuerdo se percibe como invitación a construir nuevos puentes profesionales. No sólo entre Canadá y la Unión Europea, sino también entre distintas experiencias, sensibilidades y culturas arquitectónicas. Quizás ésta sea, al fin y al cabo, su aportación más valiosa: recordarnos que la arquitectura sigue siendo una profesión profundamente arraigada en el lugar, pero cada vez más conectada al mundo.

 

Leyre Moreno, arquitecta. Corresponsal del COAC en Vancouver, Canadá. Septiembre 2026

 

 

Printer-friendly version

Tornar