Pere Cortacans

Muere el arquitecto Pere Cortacans Borrell

Imatge: 
© Pere Cortacans

¡Adiós Pere!

Inmediatamente después de que tu hijo Pere me comunica que nos has dejado, tu imagen aparece clara en mi mente y, sumergido en el desconsuelo, vienen a mi memoria un cúmulo de cosas, pero hay una que sobresale por encima de las otras y la rememoro como si fuera ahora.

Era una mañana de octubre llena de luz, el año no lo recuerdo, cuando en mi despacho y con un rostro muy serio, me propusiste nombrarme mediador en tu testamento. En principio, y muy sorprendido, yo no quería aceptar, pero tú, como el hábil negociador que siempre fuiste, me convenciste. Desde ese momento nuestra amistad personal, así como la que mantenía con los tuyos, no dejó de crecer: me convertí en la persona de confianza de la familia.

Dentro de la Escuela y como profesor, ayudaste a Coderch en la asignatura de Proyectos y a Canosa en la de Dibujo. Además de arquitecto también habías trabajado como aparejador, y eso te convertía en un profesional muy completo. Yo era más joven que tú y, a tu lado, aprendí muchísimo.

Después, tu experiencia con los temas colegiales –presidente de la Demarcación de Barcelona y refundador de la Oficina Deontológica- además del amplio bagaje profesional que poseías te hizo despuntar como perito en nuestra agrupación. Fue entonces cuando decidimos entre los dos trabajar juntos en distintos proyectos, así como en la redacción de innumerables dictámenes.

Durante aquellas tardes y noches de trabajo intenso es cuando yo, ya mucho más maduro, descubro en ti tu bondad profunda. Desde mi punto de vista, esta fue tu mayor y fundamental virtud, la particularidad que te hizo singular, o sea, diferente a los demás; una característica tan inherente a tu personalidad que seguro que nos la encomendaste un poco a muchos de los que te admiramos y quisimos.

Desde esos lejanos años, y hasta ahora hace poco en nuestra última conversación telefónica hablando de la Covid-19, siempre pude comprobar tu interés por todo: la arquitectura, la filosofía, la justicia, la música (a través de ella conociste a Rosa Maria Balada, tu querida esposa, la madre de tus hijos), la literatura, la escultura, la pintura…

Las ciencias, el arte y las letras, juntas, viajaban contigo, pero al final de nuestras conversaciones siempre afloraba tu gran vocación: tus dos hijos arquitectos, Pere Cortacans Balada y Cristian Cortacans Balada.

Hoy, que junto a ellos y tu esposa, los otros familiares, y muchos amigos yo lloro por ti, siento en mi corazón una rabia especial, porque pienso que este adiós me ha cogido desprevenido. Yo pensaba que esto de la muerte no tenía nada que ver contigo. Hoy, todos nosotros, los que siempre te hemos querido, nos tendremos que acostumbrar a andar sin ti. A mí, personalmente, me queda la esperanza que, durante estos veinticinco años y después de pasar tantas horas juntos en reuniones y tertulias, en las asambleas de la Agrupación de Peritos y haciendo proyectos de arquitectura y dictámenes juntos, una parte de tu bondad infinita haya arraigado en mí.

¡Gracias!


Victor Fanlo i Punter
21/12/2020
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