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Nueva York y Barcelona 2026: los mismos retos urbanos, dos visiones de futuro

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El 2026 es el año de Barcelona como la Capital Mundial de la Arquitectura de la UNESCO y sede del Congreso Mundial de Arquitectos de la UIA. Desde Nueva York, esta coincidencia invita inevitablemente a comparar dos metrópolis globales que comparten tensiones similares como la vivienda, la emergencia climática y el proceso de transición hacia un futuro sostenible.

La primera gran cuestión es la vivienda. Tanto Nueva York como Barcelona sufren una fuerte presión inmobiliaria, la turistificación de determinados barrios y procesos continuados de gentrificación. En Nueva York, la llegada de Zohran Mamdani al centro del debate político ha vuelto a situar a la vivienda como una infraestructura pública esencial. Las propuestas de reforzar el parque público, ampliar el control de los alquileres y limitar la especulación han reabierto una discusión que trasciende a la arquitectura y entra de lleno en la justicia social. Barcelona también ha desarrollado políticas de regulación y promoción de la vivienda asequible, pero sigue debatiéndose entre su proyección internacional y la dificultad creciente para que sus residentes puedan seguir viviendo en el centro de la ciudad. En ambos casos, la pregunta es la misma: ¿qué modelo urbano se construye cuando la vivienda deja de ser un derecho para convertirse en un activo financiero?

Un segundo campo de contraste es la relación entre ciudad y agua. Por ejemplo, las actividades de la Capitalidad, como los Resilience Thinking Walkshops, han planteado una aproximación pedagógica muy sugerente como recuperar la memoria hidrológica, urbana y social de las aguas vivas de la cuenca de Barcelona para que los estudiantes de bachillerato entiendan que la resiliencia no depende únicamente de grandes infraestructuras, sino también de la redundancia, sino también de la redundancia. que durante siglos estructuraron los barrios de Barcelona. Esta mirada, inspirada en la historia territorial, convive, sin embargo, con una planificación institucional que sigue centrándose casi exclusivamente en las grandes infraestructuras como los depósitos pluviales, la desalinizadora, la potabilización del Llobregat o los embalses como el de Sau. El debate sobre la transición ecológica hacia la biorregión sigue siendo, todavía hoy, secundario. Nueva York ofrece una lectura distinta. El concepto de ciudad esponja formará parte del propio espacio público. Las grandes bioswales, en los parques inundables, y los equipamientos deportivos se proyectan para que absorban, infiltren y regulen el agua de lluvia antes de que llegue al alcantarillado. La infraestructura deja de ser invisible para convertirse en paisaje urbano, espacio educativo y mecanismo de adaptación climática. La ciudad hace visible el ciclo del agua, mientras Barcelona sigue confiando principalmente en las macro-infraestructuras y centralizadas.

El tercer elemento de comparación es el propio Congreso Mundial de Arquitectos UIA 2026. La programación ha apostado claramente por un evento tipo macro-festivales internacionales. Las actividades en el Fórum y en las Tres Chimeneas, los grandes nombres invitados y la dimensión mediática han contribuido a convertirlo en una escala metropolitana. La convocatoria competitiva de comunicaciones científicas ha representado sólo una muy pequeña parte del programa comparado con la gran mayoría de los ponentes que han sido seleccionados directamente por el comisariado reforzando inevitablemente un nuevo star system arquitectónico integrado por la generación milenial. También resulta significativa la geografía del evento, el desplazamiento del congreso respecto al congreso de 1996 hacia el Foro y las Tres Chimeneas responde a una estrategia metropolitana donde se ubicará una nueva gran promoción inmobiliaria de nuevas centralidades urbanas, operación que recuerda procesos similares desarrollados en la gran metrópoli de Nueva York como Long Island City en Queens o Gowanus canal a Brooklyn  donde la recuperación de antiguas áreas industriales ha ido acompañada de importantes operaciones inmobiliarias y nuevos centros de negocios de tecnología digital. Las Tres Chimeneas pueden convertirse en un nuevo símbolo metropolitano, pero también plantean la misma pregunta que Nueva York se hace desde hace dos décadas: ¿Estas nuevas centralidades son realmente inclusivas o acaban acelerando la sustitución social de los barrios?

Por último, el mismo formato de los espacios de debate del Congreso Mundial de Arquitectos merece una reflexión. El acto inaugural, patrocinado por una empresa del sector de las grúas y la construcción, y una programación que reserva tres días a espacios de discusión delimitados por una valla, de acceso restringido y orientados principalmente al colectivo profesional, evidencian cierta distancia entre el debate arquitectónico y la realidad urbana. Resulta paradójico que un congreso que aspira a repensar el futuro de las ciudades desarrolle sus debates más estratégicos alejado de las comunidades que viven a diario las consecuencias de las transformaciones urbanas y sin una participación realmente interdisciplinaria. Barcelona y Nueva York comparten hoy los mismos grandes desafíos: garantizar el derecho a la vivienda, adaptarse al cambio climático y construir nuevas centralidades metropolitanas sin generar nuevas desigualdades. Pero también comparten una pregunta fundamental: ¿quién tiene derecho a imaginar la ciudad del futuro?

Como corresponsal del Colegio de Arquitectos de Cataluña (COAC) en Nueva York, ha sido un privilegio participar en las actividades de la Capitalidad y del Congreso Mundial de Arquitectos, aportando modestamente mi pequeño grano de arena a este debate. Esta experiencia me ha permitido establecer un diálogo entre dos metrópolis que, a pesar de sus diferencias, afrontan retos sorprendentemente similares. Ésta es, probablemente, la función más valiosa de un corresponsal: construir puentes entre realidades diversas, compartir miradas y recordar que la arquitectura sólo adquiere sentido cuando se entiende desde una visión holística, capaz de dialogar con el territorio, con las demás disciplinas y, sobre todo, con las comunidades que lo habitan.

Rafael de Balanzó, arquitecto, corresponsal del COAC en Nueva York, EE. UU, septiembre 2026

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Nova York i Barcelona 2026: els mateixos reptes urbans, dues visions de futur

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L'any 2026 es l'any de Barcelona com la Capital Mundial de l'Arquitectura de la UNESCO i seu del Congrés Mundial d'Arquitectes de la UIA. Des de Nova York, aquesta coincidència convida inevitablement a comparar dues metròpolis globals que comparteixen tensions similars com l´habitatge, l´emergència climàtica i el procés de transició cap un futur sostenible.

La primera gran qüestió és l'habitatge. Tant Nova York com Barcelona pateixen una forta pressió immobiliària, la turistificació de determinats barris i processos continuats de gentrificació. A Nova York, l'arribada de Zohran Mamdani al centre del debat polític ha tornat a situar l'habitatge com una infraestructura pública essencial. Les propostes de reforçar el parc públic, ampliar el control dels lloguers i limitar l'especulació han reobert una discussió que transcendeix l'arquitectura i entra de ple en la justícia social. Barcelona també ha desenvolupat polítiques de regulació i promoció de l'habitatge assequible, però continua debatent-se entre la seva projecció internacional i la dificultat creixent perquè els seus residents puguin continuar vivint al centre de la ciutat. En ambdós casos, la pregunta és la mateixa: quin model urbà es construeix quan l'habitatge deixa de ser un dret per convertir-se en un actiu financer?

Un segon camp de contrast és la relació entre ciutat i aigua. Per exemple les activitats de la Capitalitat, com els Resilience Thinking Walkshops, han plantejat una aproximació pedagògica molt suggeridora com recuperar la memòria hidrològica, urbana i social de les aigües vives de la conca de Barcelona perquè els estudiants de batxillerat entenguin que la resiliència no depèn únicament de grans infraestructures, sinó també de la redundància dels sistemes tradicionals de pous, mines, fonts, recs i basses que durant segles van estructurar els barris de Barcelona. Aquesta mirada, inspirada en la història territorial, conviu, però, amb una planificació institucional que continua centrant-se gairebé exclusivament en les grans infraestructures com els dipòsits pluvials, la dessalinitzadora, la potabilització del Llobregat o els embassaments com Sau. El debat sobre la transició ecològica cap a la bioregió continua sent, encara avui, secundari. Nova York ofereix una lectura diferent. El concepte de ciutat esponja formarà part del mateix espai públic. Les grans bioswales, els parcs inundables i els equipaments esportius es projecten perquè absorbeixin, infiltrin i regulin l'aigua de pluja abans que arribi al clavegueram. La infraestructura deixa de ser invisible per convertir-se en paisatge urbà, en espai educatiu i en mecanisme d'adaptació climàtica. La ciutat fa visible el cicle de l'aigua, mentre Barcelona continua confiant principalment en les macro-infraestructures i  centralitzades.

El tercer element de comparació és el mateix Congrés Mundial d'Arquitectes UIA 2026. La programació ha apostat clarament per un esdeveniment tipus macro-festivals internacionals. Les activitats al Fòrum i a les Tres Xemeneies, els grans noms convidats i la dimensió mediàtica han contribuït a convertir-lo en una escala metropolitana. La convocatòria competitiva de comunicacions científiques ha representat només una molt petita part del programa comparat a la gran majoria dels ponents que han estat seleccionats directament pel comissariat reforçant inevitablement un nou star system arquitectònic integrat per la generació millennial. També resulta significativa la geografia de l'esdeveniment, el desplaçament del congrés respecte al congres del 1996 cap al Fòrum i les Tres Xemeneies respon a una estratègia metropolitana on s’ubicarà una nova gran promoció immobiliària de noves centralitats urbanes, operació que recorda processos similars desenvolupats en la gran metròpoli de Nova York  com Long Island City en Queens o Gowanus canal a Brooklyn, on la recuperació d'antigues àrees industrials ha anat acompanyada d'importants operacions immobiliàries i nous centres de negocis de tecnologia digital. Les Tres Xemeneies poden esdevenir un nou símbol metropolità, però també plantegen la mateixa pregunta que Nova York es fa des de fa dues dècades: ¿Aquestes noves centralitats són realment inclusives o acaben accelerant la substitució social dels barris?

Finalment, el mateix format dels espais de debat del Congrés Mundial d'Arquitectes mereix una reflexió. L'acte inaugural, patrocinat per una empresa del sector de les grues i la construcció, i una programació que reserva tres dies a espais de discussió delimitats per una tanca, d'accés restringit i orientats principalment al col·lectiu professional, evidencien una certa distància entre el debat arquitectònic i la realitat urbana. Resulta paradoxal que un congrés que aspira a repensar el futur de les ciutats desenvolupi els seus debats més estratègics allunyat de les comunitats que viuen diàriament les conseqüències de les transformacions urbanes i sense una participació realment interdisciplinària. Barcelona i Nova York comparteixen avui els mateixos grans desafiaments: garantir el dret a l'habitatge, adaptar-se al canvi climàtic i construir noves centralitats metropolitanes sense generar noves desigualtats. Però també comparteixen una pregunta fonamental: qui té dret a imaginar la ciutat del futur?

Com a corresponsal del Col·legi d'Arquitectes de Catalunya (COAC) a Nova York, ha estat un privilegi participar en les activitats de la Capitalitat i del Congrés Mundial d'Arquitectes, aportant, modestament, el meu petit gra de sorra a aquest debat. Aquesta experiència m'ha permès establir un diàleg entre dues metròpolis que, malgrat les seves diferències, afronten reptes sorprenentment similars. Aquesta és, probablement, la funció més valuosa d'un corresponsal: construir ponts entre realitats diverses, compartir mirades i recordar que l'arquitectura només adquireix sentit quan s'entén des d'una visió holística, capaç de dialogar amb el territori, amb les altres disciplines i, sobretot, amb les comunitats que l'habiten.

Rafael de Balanzó, arquitecte, corresponsal del COAC a Nova York, EUA. Setembre 2026

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HACIA UNA ARQUITECTURA CONSCIENTE Y RESPONSABLE AL SUR DE QUINTANA ROO (MÉXICO)

© Alberto Villasís

En el sur de Quintana Roo, entre la bahía de Chetumal y la selva maya, conviven dos tradiciones constructivas (con madera y piedra) que, sin saberlo, ya resolvían hace décadas los retos que hoy la crisis climática vuelve a plantear y crear conciencia. Recuperarlas no es nostalgia, es una vía práctica hacia una arquitectura responsable para la región.

El sur de Quintana Roo tiene unas características propias y diferenciadas del resto de la entidad, más desarrollado y poblado, y menos impacto de la huella turística, afronta el reto de crear espacios que no sólo se adaptan al entorno, sino que lo respetan y potencian.

 

La Casa Anglocaribeña de Chetumal

Las casas de madera del centro de Chetumal están declaradas patrimonio cultural del estado y condensan la mezcla de influencia inglesa, erudita y caribeña, que dio identidad a la ciudad, entonces llamada Payo Obispo. Nacieron a caballo de los siglos XIX y XX, cuando comerciantes y trabajadores atravesaban la frontera con la Belice colonial británica, y recuerdan en su volumetría "el bungalow victoriano" y "la chattel house caribeña", de una o dos plantas, a menudo elevadas sobre el suelo, con celosías de madera en las ventanas. Se construyeron con madera de la misma selva -siricot, caoba, palo de rosa-, y cada vivienda disponía de su propio aljibe para recoger el agua de lluvia (curvado).

Es, en el fondo, una arquitectura pensada para el clima tropical, cuya elevación aleja la casa de la humedad y de posibles inundaciones, la madera y los celos favorecen la ventilación cruzada, y el color y la sombra atenúan el calor. Desgraciadamente, de un centenar largo de casas censadas hace tres décadas, hoy sólo quedan unas cuarenta, muchas en estado de abandono por falta de mantenimiento, a pesar de las campañas de restauración y difusión cultural.

 

La Casa Maya, sabiduría vernácula

Ante la casa de madera de raíz mestiza, la casa maya tradicional -de planta ovalada, muros de bajareque y cubierta de guano- ofrece una respuesta aún más radical al medio. Ventilación constante a través de las paredes caladas, materiales cien por cien locales y renovables, y una forma aerodinámica que disipa mejor la embestida de los vientos. Ambas tipologías, la mestiza y la indígena son, en realidad, dos respuestas distintas a un mismo reto ambiental, y juntas forman la base de un saber constructivo propio del sur de Quintana Roo.

 

Los retos climáticos de la región

Los huracanes cada vez más intensos, la subida del nivel del mar, las olas de calor y las lluvias torrenciales son lo que define el futuro climático de esta franja del Caribe mexicano. Pero el sector de la construcción todavía no forma parte decidida de la solución, a nivel mundial, las emisiones operacionales de los edificios volvieron a crecer en el 2024, y su descarbonización avanza más lentamente de lo necesario, justo cuando ese mismo parque edificado se vuelve más vulnerable a los impactos del clima y al encarecimiento de la energía.

La Agenda de Acción Climática de la ONU sitúa allí una oportunidad clave, con buena parte del parque edificado mundial aún por construir o renovar de cara al 2050, los gobiernos tienen la ocasión de impulsar construcciones resilientes y de bajas emisiones mediante mejores políticas e inversiones.

 

Conservar para inspirar

La casa anglocaribeña y la casa maya no son piezas de museo, son prototipos de baja huella, adaptados al lugar, que ya resolvían hace tiempo lo que hoy se pide en los edificios nuevos. Elevación frente a la inundación, ventilación pasiva frente al calor, materiales locales frente al coste de carbono del transporte, y formas pensadas para resistir el viento. Una arquitectura consciente para el sur de Quintana Roo no debería copiar sólo su estética, sino retomar su lógica, a construir con el clima, no contra él, y hacer de la conservación de este patrimonio el punto de partida —no el obstáculo— de la nueva arquitectura resiliente y responsable de la región.

Construir en el Caribe es un acto de respeto, respetar la tierra, crear espacios autosuficientes, sustentables y humanos. La arquitectura en el sur de Quintana Roo, debe ser puente entre el mar y la selva, entre tradición y futuro, entre comunidad y naturaleza.

Alberto Villasís, arquitecto. Corresponsal del COAC en Quintana Roo, México.  Julio 2026

 

 

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CAP A UNA ARQUITECTURA CONSCIENT I RESPONSABLE AL SUD DE QUINTANA ROO (MÈXIC)

© Alberto Villasís

Al sud de Quintana Roo, entre la badia de Chetumal i la selva maia, conviuen dues tradicions constructives (amb fusta i pedra) que, sense saber-ho, ja resolien fa dècades els reptes que avui la crisi climàtica torna a plantejar i crear consciència. Recuperar-les no és nostàlgia, és una via pràctica cap a una arquitectura responsable per a la regió.

El sud de Quintana Roo té unes característiques pròpies i diferenciades de la resta de l’entitat, més desenvolupat i poblat, i menys impacte de la petjada turística, afronta el repte de crear espais que no tan sols s’adapten a l’entorn, sinó que el respecten i el potencien.

 

La Casa Anglocaribenya de Chetumal

Les cases de fusta del centre de Chetumal estan declarades patrimoni cultural de l'estat i condensen la barreja d'influència anglesa, erudita i caribenya, que va donar identitat a la ciutat, aleshores anomenada Payo Obispo. Van néixer a cavall dels segles XIX i XX, quan comerciants i treballadors travessaven la frontera amb la Belize colonial britànica, i recorden en la seva volumetria “el bungalow victorià” i “la chattel house caribenya”, d'una o dues plantes, sovint elevades sobre el terra, amb gelosies de fusta a les finestres i façanes pintades de colors intensos. Es van construir amb fusta de la mateixa selva,- siricot, caoba, palo de rosa-, i cada habitatge disposava del seu propi aljub per recollir l'aigua de pluja (corbat).

És, en el fons, una arquitectura pensada per al clima tropical, l'elevació allunya la casa de la humitat i de possibles inundacions, la fusta i les gelosies afavoreixen la ventilació creuada, i el color i l'ombra atenuen la calor. Malauradament, d'un centenar llarg de cases censades fa tres dècades, avui només en resten unes quaranta, moltes en estat d'abandonament per manca de manteniment, tot i les campanyes de restauració i difusió cultural.

 

La Casa Maia, saviesa vernacla

Davant la casa de fusta d'arrel mestissa, la casa maia tradicional —de planta ovalada, murs de bajareque i coberta de guano— ofereix una resposta encara més radical al medi. Ventilació constant a través de les parets calades, materials cent per cent locals i renovables, i una forma aerodinàmica que dissipa millor l'envestida dels vents. Totes dues tipologies, la mestissa i la indígena són, en realitat, dues respostes distintes a un mateix repte ambiental, i juntes formen la base d'un saber constructiu propi del sud de Quintana Roo.

 

Els reptes climàtics de la regió

Els huracans cada cop més intensos, la pujada del nivell del mar, les onades de calor i les pluges torrencials són el que defineixen el futur climàtic d'aquesta franja del Carib mexicà. Però el sector de la construcció encara no forma part decidida de la solució, a escala mundial, les emissions operacionals dels edificis van tornar a créixer el 2024, i la seva descarbonització avança més lentament del que caldria, just quan aquest mateix parc edificat es torna més vulnerable als impactes del clima i a l'encariment de l'energia.

L'Agenda d'Acció Climàtica de l'ONU hi situa una oportunitat clau, amb bona part del parc edificat mundial encara per construir o renovar de cara al 2050, els governs tenen l'ocasió d'impulsar construccions resilients i de baixes emissions mitjançant millors polítiques i inversions.

 

Conservar per inspirar

La casa anglocaribenya i la casa maia no són peces de museu, són prototips de baixa petjada, adaptats al lloc, que ja resolien fa temps allò que avui es demana als edificis nous. Elevació davant la inundació, ventilació passiva davant la calor, materials locals davant el cost de carboni del transport, i formes pensades per resistir el vent. Una arquitectura conscient per al sud de Quintana Roo no hauria de copiar-ne només l'estètica, sinó reprendre'n la lògica, a construir amb el clima, no contra ell, i fer de la conservació d'aquest patrimoni el punt de partida —no l'obstacle— de la nova arquitectura resilient i responsable de la regió.

Construir al Carib és un acte de respecte, respectar la terra, crear espais autosuficients, sustentables i humans. L'arquitectura al sud de Quintana Roo, ha de ser pont entre el mar i la selva, entre tradició i futur, entre comunitat i naturalesa.

Alberto Villasís, arquitecte. Corresponsal del COAC a Quintana Roo, Mèxic.  Juliol 2026

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